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Incredulidad ante la gracia de Dios

No me acabo de creer que Dios me ofrezca su misericordia.

Lutero:

Es cierto que para el hombre esto es casi demasiado difícil de creer. Nuestros corazones no pueden concebirlo y se escapa a nuestra comprensión humana. Es más, cuando Cristo se ofrece a sí mismo a nosotros junto con el perdón de los pecados nosotros simplemente huimos.

De niño una vez fui a cantar canciones por el barrio para recolectar salchichas. Se nos acercó alguien que de broma gritó: “¿Oye, qué hacéis, canalla? ¡Vais a pillar!” mientras que se nos acercaba con dos salchichas en la mano. Sin embargo, nosotros nos fuimos corriendo a pesar de que el hombre solamente quería darnos algo. Lo mismo nos sucede con Dios. Huimos de Él mientras que Él solamente quiere darnos algo bueno.

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